VIVIANE MORALES EN EDUCACIÓN. MERCADO, AUTORIDAD Y DISPUTA ANTIDERECHOS POR EL SENTIDO DE LA ESCUELA PÚBLICA



VIVIANE MORALES EN EDUCACIÓN. MERCADO, AUTORIDAD Y DISPUTA ANTIDERECHOS POR EL SENTIDO DE LA ESCUELA PÚBLICA

Documento de análisis sindical para el magisterio y el movimiento social

Serie: Lectura del gabinete como arquitectura de gobierno · Documento 1 — Educación

Nota metodológica. Este documento distingue entre hechos verificables e hipótesis de trabajo. Los datos corresponden a trayectoria pública, declaraciones, cifras del sector y fuentes disponibles. Las hipótesis no se presentan como certezas, sino como escenarios plausibles para la anticipación sindical. La crítica es más fuerte cuando no confunde denuncia con prueba.

 

La llegada de Viviane Morales al Ministerio de Educación debe ser leída como una señal política de alto riesgo. No se trata solamente de una exfiscal que llega a una cartera social, ni solamente de una jurista con experiencia institucional. Se trata de una figura capaz de articular tres dimensiones que, unidas, pueden ser profundamente regresivas para la escuela pública, una mirada jurídica fuerte, una agenda moral conservadora y una función política dentro de un gobierno con rasgos autoritarios, centralizadores y promercado.

El riesgo no es solo que Viviane Morales piense distinto al magisterio, sino que, desde el Ministerio de Educación, pueda convertir una visión conservadora y mercantil de la escuela en política pública, en decretos, lineamientos, resoluciones, acuerdos, currículos, criterios de contratación, narrativas oficiales y reformas legales. Una ministra con trayectoria jurídica no solo administra, diseña la arquitectura normativa de una transformación.

Por eso el movimiento sindical no puede mirar este nombramiento como un asunto sectorial del magisterio. Lo que puede ocurrir en educación anticipa una forma más amplia de gobierno, captura institucional, debilitamiento de derechos colectivos, uso del Estado para favorecer intereses privados, ataque a organizaciones sindicales y disputa ideológica sobre la cultura, la familia, el trabajo, la obediencia y la democracia.

Tesis central. La llegada de Viviane Morales al Ministerio de Educación cumple una función estratégica dentro del proyecto de Abelardo de la Espriella, convertir una agenda de mercado, autoridad y moral conservadora en política educativa de Estado. El riesgo no es solo una ministra conservadora; el riesgo es una arquitectura que combine privatización indirecta, control curricular, debilitamiento de FECODE, presión sobre el FOMAG y disputa cultural contra la escuela pública democrática. Todo lo que sigue desarrolla, matiza y fundamenta esta tesis.

Marco político del nombramiento. ¿Qué gobierno enmarca esta designación?

Para no discutir en abstracto, conviene fijar el proyecto en el que se inscribe la llegada de Morales al Ministerio. Estos son los hechos que dan contexto:

 

•  El programa de gobierno declara como referentes explícitos a Javier Milei (Argentina) y Nayib Bukele (El Salvador), y se ordena en torno a cinco ideas: familia, propiedad, trabajo, fe y seguridad.

•  El gobierno anunció reducir el tamaño del Estado en cerca del 40%; el ministro de Hacienda designado declaró que "no hay recursos" para los 19 ministerios actuales y evalúa fusionarlos.

•  El presidente electo formalizó una "contrarrevolución cultural" como uno de los cuatro ejes del empalme, con la consigna textual de "sacar la ideología de género de los salones y regresar a Dios", además de "sacar a FECODE de las aulas".

•  Viviane Morales lideró el empalme del sector educativo antes de ser designada ministra el 2 de julio de 2026.

1. No llega una pedagoga, ni alguien experto en educación, llega una jurista para ordenar una disputa política

Viviane Morales no tiene su principal capital público en la pedagogía, la escuela rural, la formación docente, la inclusión educativa o la política escolar territorial. Su capital está en otro lugar, en el derecho constitucional, el Congreso, la Fiscalía, la diplomacia, el debate moral y la confrontación pública sobre familia, infancia y derechos.

Eso importa porque una reforma educativa autoritaria no necesita solo administradores, sino también operadores jurídicos, personas capaces de tomar una agenda política y volverla norma. Necesita traducir un proyecto ideológico en instrumentos legales que parezcan técnicos, razonables y constitucionales.

Desde el Ministerio de Educación, una ministra con ese perfil puede impulsar transformaciones en varios niveles: orientaciones curriculares, evaluación docente, contratación de servicios, criterios de calidad, relación con operadores privados, participación de familias, programas de formación, educación sexual integral, lineamientos de convivencia, enfoque de género, materiales pedagógicos, relación con FECODE y reformas que deban pasar por el Congreso.

2. El antecedente antiderechos. El uso de la democracia para restringir derechos

Uno de los antecedentes más graves de Viviane Morales fue su impulso al referendo que buscaba restringir la adopción a parejas conformadas por hombre y mujer. Ese episodio permite leer una matriz política, usar mayorías, lenguaje de familia y defensa de la infancia para limitar derechos de sectores históricamente discriminados.

Ese antecedente es clave para educación porque la escuela pública no solo enseña contenidos; también forma ciudadanía, reconoce diversidades, protege derechos y abre mundo. Una persona que ha defendido políticamente una concepción restrictiva de familia puede llegar al Ministerio con una idea peligrosa: que la política educativa debe subordinarse a una moral familiar única.

Eso puede traducirse en una ofensiva contra la educación sexual integral, el enfoque de género, la diversidad familiar, los derechos de personas LGBTIQ+, la memoria histórica, la educación para la paz, la ciudadanía crítica y la libertad de cátedra. No necesariamente llegará como censura directa al inicio. Puede llegar como “revisión de contenidos”, “defensa de los niños”, “derechos de los padres”, “neutralidad ideológica”, “pluralismo educativo” o “lucha contra el adoctrinamiento”.

Lo que es claro es que cuando se llama adoctrinamiento a enseñar derechos, lo que se busca no es neutralidad, lo que se busca es censura. La escuela no adoctrina cuando enseña derechos, lo hace cuando prohíbe pensar.

3. El sentido de educar. De ciudadanía democrática a obediencia productiva

La disputa educativa no es solo por presupuesto, es por el sentido de educar.

Una reforma conservadora y promercado puede reducir la escuela a tres funciones: formar trabajadores adaptables, producir resultados medibles y reproducir una moral de obediencia. En ese modelo, el estudiante deja de ser sujeto de derechos y se convierte en capital humano. La familia deja de ser corresponsable y se convierte en consumidora o vigilante moral. El maestro deja de ser trabajador intelectual y pasa a ser operador de resultados. La escuela pública deja de ser espacio democrático y se vuelve prestadora de servicios.

Ese giro puede presentarse como modernización, tecnología, inteligencia artificial, productividad, bilingüismo, ciclos cortos, competencias laborales, evaluación, eficiencia. Pero la pregunta sindical y pedagógica es otra: ¿qué queda por fuera cuando todo se ordena alrededor de productividad y resultados?

Pueden quedar por fuera la literatura, la filosofía, la historia, la memoria, el arte, la educación física, la educación sexual integral, la formación política, la reflexión ética, la interculturalidad, el pensamiento crítico, la educación ambiental y la democracia escolar.

El resultado posible es una escuela más corta, más útil para el mercado, más obediente frente al poder y menos capaz de formar sujetos críticos.

4. Mercado y antiderechos. Una alianza peligrosa

El error sería pensar que la agenda de mercado y la agenda antiderechos van por separado, en educación, en este caso, pueden caminar juntas.

La agenda de mercado plantea que las familias elijan, que el dinero siga al estudiante, que los privados compitan, que haya bonos, cobertura contratada, concesiones, operadores, alianzas público-privadas, evaluación por resultados y contratación de programas externos.

La agenda antiderechos aboga porque las familias puedan vetar contenidos, que la escuela no hable de género, que se limite la educación sexual, que se oculte la diversidad, que la memoria se vuelva incómoda, que el maestro sea vigilado y que el currículo común de derechos sea reemplazado por ofertas diferenciadas según la moral de cada institución.

Unidas, esas dos agendas producen una escuela fragmentada, colegios para familias conservadoras, colegios para formación productiva rápida, colegios privados financiados con recursos públicos, colegios oficiales debilitados para quienes no pudieron elegir y una educación pública convertida en residual.

Ahí aparece el verdadero riesgo, no solo se privatizan recursos, sino que se privatiza el sentido de educar.

 

Por qué esta alianza no es una especulación teórica. La combinación de mercado y antiderechos es coherente con lo que el propio gobierno declara. Un proyecto que toma como modelo a Milei y Bukele, reduce el Estado en 40% y a la vez promete "regresar a Dios a las aulas" une, por diseño, desregulación económica y control moral. La autonomía curricular y la libre elección, presentadas como modernización, son el mecanismo por el cual cada institución oferta su propia moral, mientras el Estado laico pierde la capacidad de garantizar un piso común de derechos. Debilitar la escuela pública laica es, a la vez, medida económica y medida cultural.

5. Educación como campo de captura del Estado

La idea de captura del Estado recorre todo este análisis y merece nombrarse con precisión, porque no se reduce a nombrar funcionarios afines.

Qué significa capturar el Estado desde la educación. La captura no consiste únicamente en designar personas de confianza. También ocurre cuando el presupuesto público se orienta hacia operadores privados; cuando la contratación reemplaza la capacidad estatal en lugar de fortalecerla; cuando el currículo se subordina a grupos de presión moral; cuando la evaluación se vuelve mecanismo de disciplinamiento; y cuando la política pública deja de responder al derecho común para responder a intereses empresariales, religiosos o partidistas. En educación, capturar el Estado significa capturar recursos, contenidos, plazas, datos, formación docente y sentido común.

 

Esa es la diferencia entre un cambio de gobierno y una reorganización del Estado. Lo primero altera quién manda; lo segundo altera para quién trabaja la institución. La hipótesis de este documento es que en educación puede estar en marcha lo segundo, no solo lo primero.

6. Política autoritaria desde el Ejecutivo. ¿Qué se puede hacer sin pasar por el Congreso?

Un gobierno con vocación autoritaria no siempre comienza cerrando instituciones. A veces gobierna mediante acumulación de decisiones, decretos, resoluciones, directivas, circulares, contratos, nombramientos, cambios de lineamientos, criterios de evaluación, ajustes presupuestales, empalmes agresivos, estigmatización pública y presión sobre opositores.

Conviene distinguir con rigor jurídico entre lo que puede avanzar por la vía administrativa y lo que exige trámite legislativo. Esa distinción evita dos errores, subestimar lo que el Ministerio puede hacer solo, y sobreestimar lo que requeriría una gran reforma.

A. Medidas posibles desde el Ejecutivo / Ministerio de Educación

Sin necesidad de una ley, pueden transformarse: lineamientos curriculares; programas y su diseño; contratación de servicios y operadores; criterios de evaluación docente; programas de formación docente; orientaciones de convivencia; revisión de materiales pedagógicos; bancos de oferentes privados; asignación y reorientación presupuestal; auditorías como mecanismo de presión; convenios; y las narrativas oficiales sobre calidad, mérito y adoctrinamiento.

 

B. Medidas que requieren Congreso o reformas más profundas

Requieren trámite legislativo o reforma estructural: cambios de fondo al sistema de financiación; transformaciones legales del FOMAG; reforma laboral docente; cambios fuertes al Sistema General de Participaciones (SGP); modelos de bonos masivos; y reformas constitucionales.

La autocracia no siempre se muestra como golpe, en casos como el de nuestro país se muestra como gestión eficiente. No siempre prohíbe; a veces intimida. No siempre elimina derechos; a veces los vuelve impracticables. No siempre cierra sindicatos; a veces los aísla, los desprestigia y los deja sin base material.

7. Congreso, acuerdos y la reforma como moneda de negociación

Si algunas medidas requieren ley, el gobierno necesitará Congreso. Y ahí aparece otro riesgo, la combinación entre discurso antipolítico y negociación con los partidos tradicionales.

El nuevo gobierno llegó atacando a “los de siempre”, pero para gobernar puede necesitar precisamente a “los de siempre”, partidos bisagra, congresistas regionales, bancadas tradicionales, cuotas burocráticas, ministerios, puestos, contratos, entidades y recursos territoriales. Esa contradicción no debe verse como simple hipocresía. Es una forma clásica de captura del Estado, se denuncia la politiquería en campaña y se usa la maquinaria en el gobierno.

En educación, eso puede ser decisivo. Una reforma que mueva recursos hacia privados, cobertura contratada, bonos escolares, concesiones, operadores y programas tercerizados puede encontrar aliados en sectores regionales interesados en contratación, infraestructura, tecnología, servicios educativos, programas de formación y control político territorial.

 

La reforma como moneda de negociación territorial. En educación, la reforma puede convertirse en moneda de intercambio político. Cobertura contratada, infraestructura, tecnología, alimentación escolar, formación docente, operadores de jornada, programas de apoyo, plataformas y convenios pueden transformarse en campos de intermediación política y contratación territorial. Por eso el problema no es solo ideológico: es también contractual, presupuestal y territorial. La pregunta sindical, en consecuencia, no es únicamente "¿qué moral se impone?", sino "¿quién factura con cada reforma?".

 

Como sindicato debemos interrogarnos sobre: ¿quién gana con cada reforma?, ¿qué grupos empresariales se benefician?, ¿qué congresistas controlan redes de contratación territorial?, ¿qué operadores entran?, ¿qué pasa con la planta oficial?, ¿qué pasa con FECODE?, ¿qué pasa con el Fondo de Prestaciones?, ¿qué pasa con los programas públicos de apoyo?

8. El ataque al magisterio. De sujeto colectivo a enemigo interno

Una reforma educativa de este tipo necesita debilitar al magisterio organizado. No basta con cambiar normas, hay que cambiar el sentido común social sobre los maestros.

La operación que utilicen puede ser esta:

Primero, presentar a FECODE como responsable de la mala calidad educativa.
Segundo, presentar la estabilidad docente como privilegio.
Tercero, presentar la evaluación punitiva como mérito.
Cuarto, presentar la protesta como sabotaje.
Quinto, presentar la libertad sindical como obstáculo.
Sexto, presentar al maestro crítico como adoctrinador.
Séptimo, presentar la privatización indirecta como libertad de elección.

Así se prepara el terreno para aceptar reformas regresivas. La sociedad deja de ver al maestro como garante del derecho a la educación y empieza a verlo como un costo, un burócrata, un privilegiado o un agente ideológico.

Ese es un ataque cultural contra el trabajo docente. Y lo deben entender todos los sindicatos, no solo los del magisterio, cuando logran convertir a un trabajador con derechos en “privilegiado”, ya prepararon el camino para quitarle derechos a todos.

9. Los cuatro frentes materiales de la reforma

La disputa cultural no reemplaza la disputa material, la prepara. Primero se convence al país de que el maestro adoctrina; después se le puede quitar la plaza, el salario y el fondo sin que nadie proteste.

Hay cuatro frentes que el sindicalismo debe vigilar:

Frente 1. Sacar docentes pensionados

El relevo generacional puede ser legítimo si cada plaza liberada se convierte en nombramiento oficial. Pero si se presiona la salida de docentes pensionados y luego esas plazas se congelan, se absorben, se reorganizan o se entregan a cobertura contratada, no hay relevo sino reducción de planta pública.

Aquí pueden intentar dividir al magisterio, jóvenes contra mayores, provisionales contra nombrados, docentes activos contra pensionados; es una división que sirve al modelo. La respuesta debe ser clara: retiro digno para unos y nombramiento oficial para otros. No sustitución por contratos.

Frente 2. Entregar colegios a concesión, cobertura o bonos

La privatización no tiene que vender colegios, puede moverse a través de la financiación. Si el dinero sigue al estudiante y puede terminar en privados, operadores o concesiones, la escuela oficial pierde centralidad.

Se pierde matrícula, se fusionan grupos, se reducen horas. Luego no se reponen vacantes y finalmente se dice que la planta sobra. Ese es el camino silencioso del debilitamiento.

Frente 3. Golpear el Fondo de Prestaciones del Magisterio (FOMAG)

La crisis de salud del magisterio puede ser usada como excusa para atacar el Fondo. Defender el FOMAG no significa negar sus problemas. Significa impedir que sus fallas sean usadas para desmontar una conquista histórica.

Cuando un gobierno quiere debilitar un derecho, primero lo presenta como ineficiente. Luego ofrece modernización para después introduce privados. Finalmente convierte una conquista colectiva en un servicio fragmentado.

 

Precisión sobre el FOMAG: rigor para blindar el argumento. Este es el punto material más fuerte, y por eso exige la mayor precisión. Los hechos: el modelo de salud del magisterio ya fue transformado por el Acuerdo 03 de 2024, que eliminó los operadores regionales y centralizó la administración en la Fiduprevisora. Ese nuevo modelo cerró 2025 con un patrimonio negativo cercano a $3 billones, una reducción del 84% en las IPS de la red prestadora y un fuerte aumento de quejas. El FOMAG llega debilitado y con su crisis ya instalada.

Defender el FOMAG no es negar la crisis, es impedir que la crisis sea usada para desmontar el régimen especial.

 

La implicación estratégica es doble. Primero, un gobierno promercado hereda una crisis real que puede usar como coartada perfecta, "el modelo estatal fracasó", para introducir aseguradoras o intermediarios privados. Segundo, la defensa creíble reconoce el problema y disputa la solución, exigir que cualquier reforma fortalezca el régimen especial de la Ley 91 de 1989, en lugar de desmontarlo.

 

Frente 4. Pasar programas de apoyo y formación a privados

La privatización también puede avanzar por los bordes: formación docente, acompañamiento pedagógico, tecnología, plataformas, orientación, salud mental, inclusión, refuerzos, jornada única, bilingüismo, materiales y evaluación externa.

La escuela pública puede seguir existiendo, pero cada vez depender más de contratos privados para funcionar. Eso vacía su capacidad pública desde adentro.

10. FECODE. Blanco principal y defensa necesaria

FECODE será atacada desde todos los flancos. Desde el Gobierno, desde medios, desde sectores empresariales, desde grupos conservadores, desde opinadores antisindicales y posiblemente desde sectores del propio magisterio cansados, molestos o que tengan intereses propios.

Por eso FECODE debe defender la escuela pública, pero también debe defenderse a sí misma. Debe defenderse como herramienta histórica del magisterio.

Y los docentes deben defenderla críticamente. Criticar a FECODE es legítimo. Exigirle democracia interna, presencia territorial, renovación, claridad y formación política es necesario. Pero dejarla sola frente a una ofensiva antisindical sería suicida para el magisterio.

Si debilitan a FECODE, cada docente queda más solo frente al Estado, frente a la evaluación, frente al operador privado, frente a la pérdida de plazas, frente al ataque al Fondo, frente a la censura curricular y frente a la precarización.

La defensa de FECODE no es solo defensa del sindicato docente, es defensa de la organización sindical como principio democrático. Por eso este análisis también debe interesar a sindicatos de otros sectores. Si logran quebrar a la organización sindical más grande del país, el mensaje para el resto del movimiento obrero será claro, ningún sindicato está a salvo.

11. Por qué esto no le interesa solo al magisterio

La educación puede funcionar como laboratorio de una ofensiva más amplia, convertir derechos laborales en privilegios, presentar sindicatos como obstáculos, tercerizar funciones sociales del Estado y formar un sentido común antisindical desde la escuela. Si FECODE es aislada y derrotada como organización nacional, el mensaje para el resto del sindicalismo será claro, ningún derecho colectivo está completamente asegurado.

 

La educación es un campo estratégico porque allí se forma el sentido común. Quien controla la escuela no solo administra presupuesto, moldea cómo las nuevas generaciones entienden el Estado, la autoridad, los derechos, el trabajo, el sindicato, la desigualdad y la democracia. Por eso el ataque a la escuela pública es también un asunto del futuro del movimiento sindical.

12. Hipótesis de trabajo sindical

El sindicalismo debe prepararse sobre una hipótesis dura:

Viviane Morales puede ser la ministra encargada de darle forma jurídica, moral y curricular a una reforma educativa que combine mercado, autoridad y antiderechos.

Esa reforma puede buscar:

Reducir la centralidad de la escuela pública.

Mover recursos hacia privados mediante bonos, concesiones o cobertura.

Presionar la salida de docentes pensionados sin garantizar reemplazos oficiales.

Debilitar o reformar regresivamente el Fondo de Prestaciones.

Tercerizar programas de apoyo, formación, tecnología e inclusión.

Instalar evaluación punitiva.

Atacar a FECODE como enemigo interno.

Censurar el currículo democrático.

Fortalecer el control moral de sectores conservadores sobre la escuela.

Presentar la autonomía pedagógica como adoctrinamiento.

Convertir derechos en gastos y sindicatos en obstáculos.

No todo ocurrirá de una vez, puede avanzar por fases. Primero la narrativa, luego empalme, después auditoría, para pasar a reforma. Luego contratación, evaluación, presión, ley, decreto, presupuesto. La tarea sindical es anticiparse, no reaccionar tarde.

13. Mapa de alertas sindicales

A diferencia de una lista genérica de tareas, este mapa señala señales concretas que el magisterio debe vigilar. Cada alerta es un criterio de evaluación frente a cualquier medida que anuncie el nuevo Ministerio.

A1

Toda plaza liberada por retiro debe conservarse como plaza oficial, no congelarse ni entregarse a cobertura contratada.

A2

Ningún programa público debe convertirse en negocio permanente de operadores privados.

A3

Toda reforma al FOMAG debe fortalecer el régimen especial, no desmontarlo.

A4

La evaluación docente no puede convertirse en castigo ni en persecución.

A5

La educación sexual integral, el enfoque de género, la memoria histórica, la educación para la paz y los derechos humanos no pueden ser censurados.

A6

FECODE debe ser reconocida como interlocutor legítimo en toda decisión del sector.

A7

Toda contratación con privados debe revisarse por su impacto sobre la planta oficial, la matrícula y la escuela pública.

A8

Todo discurso contra el "adoctrinamiento" debe examinarse con cuidado, puede ser censura curricular disfrazada de neutralidad.

14. Disputar la escuela, disputar el Estado, disputar el sentido común

Con Viviane Morales en Educación, el debate no es solo sobre una ministra. Es sobre el tipo de Estado que se quiere construir.

Un Estado garante fortalece escuela pública, planta docente, currículo democrático, derechos, inclusión, ruralidad, pensamiento crítico y organización sindical.

Un Estado autoritario y promercado puede hacer lo contrario, reducir lo público, financiar privados, disciplinar maestros, censurar contenidos, atacar sindicatos, privatizar programas, convertir familias en consumidoras y estudiantes en portadores de subsidios.

La disputa será por presupuesto, sí.
Será por plazas, sí.
Será por el FOMAG, sí.
Será por cobertura contratada, sí.
Pero también será por algo más profundo, el sentido de educar.

¿Educamos para obedecer o para pensar?
¿Educamos para competir o para vivir juntos?
¿Educamos para el mercado o para la democracia?
¿Educamos bajo una moral única o bajo una escuela pública plural?
¿Educamos con maestros dignificados o con trabajadores precarizados?
¿Educamos con sindicatos fuertes o con docentes aislados?

La respuesta no puede ser solo defensiva, el sindicalismo debe estudiar, formar, comunicar, movilizar, negociar, denunciar y construir alianzas amplias. Debe hablarle al magisterio, pero también a otros sindicatos, familias, estudiantes, organizaciones sociales, universidades, comunidades rurales, pueblos étnicos, sectores culturales y defensores de derechos humanos.

Porque si la escuela pública cae, no pierde solo el magisterio. Pierde la democracia.

La frase que debe quedar en nuestras mentes:

El peligro no es únicamente que Viviane Morales sea conservadora. El peligro es que una ministra conservadora, jurista y políticamente experimentada pueda usar el poder del Ejecutivo para convertir el mercado y los antiderechos en política educativa de Estado.

Una pieza dentro de una arquitectura mayor. Este nombramiento debe leerse junto con los demás ministerios. Educación puede disputar el sentido de la escuela, pero esa disputa necesita caja fiscal, mayorías políticas, orden jurídico y legitimidad cultural. Por eso Viviane Morales no es una pieza aislada, puede ser una parte de la arquitectura general del nuevo gobierno. Los próximos documentos de esta serie analizarán las demás carteras con el mismo método.

 

 

Nuevos Maestros por la Educación 


CUANDO LLEGUE LA FACTURA

CUANDO LLEGUE LA FACTURA

A los docentes que apoyaron a Abelardo y a los dirigentes que no estuvieron al frente

Documento de discusión docente y sindical

 

Sin anestesia, pero sin odio

 

Profe, esto hay que decirlo sin anestesia, pero sin odio. Usted podía votar por quien quisiera. Ese derecho nadie se lo quita. Pero el voto no es una piedra que se lanza y desaparece. El voto Vuelve, y vuelve convertido en decisiones, decretos, reformas, recortes, nombramientos que no llegan, grupos que se fusionan, sedes que se apagan, compañeros que salen, plazas que no se reponen, sindicatos que se desarticulan y una organización que puede desaparecer.

Usted tal vez votó con rabia, tal vez votó cansado de la salud del magisterio, de los problemas de la escuela, de la burocracia, de los sindicatos, de los incumplimientos, de los discursos que ya no emocionan. Ese malestar puede ser real. Pero aquí está el punto que duele y que hay que nombrar, si ese malestar termina sirviendo para debilitar la escuela pública, la factura no la pagarán los grandes opinadores ni los empresarios de la educación, que serán quiénes más ganen, la pagará su institución, la pagará su compañero, la pagará el estudiante que más necesita escuela pública. Y también la puede pagar usted.

Debemos ser responsables, que nadie diga después que no sabía hacia dónde podía moverse el sistema. La pregunta ya no es solamente por quién votó cada quien. La pregunta es qué hará ahora cada docente si ese proyecto empieza a cobrarle la factura a la escuela pública, al magisterio y a las organizaciones sindicales.

1. Cinco núcleos para entender la factura completa

 

El análisis se organiza en cinco núcleos de riesgo porque la factura educativa que puede venir no cae en un solo lugar ni se expresa en una sola medida. No se trata únicamente de sacar docentes pensionados, ni solo de contratar cobertura, ni solo de hablar de bonos, concesiones o evaluación. El problema es más profundo, puede estar en marcha una reorganización del sistema educativo que golpee, al mismo tiempo, la escuela pública, el trabajo docente, la igualdad educativa, el sentido mismo de educar y la protección de los estudiantes.

Por eso hay que mirar el conjunto. La factura puede empezar por la escuela pública, cuando pierde matrícula, presupuesto, centralidad y futuro. Puede seguir por el magisterio, cuando se reducen plazas, se presiona a pensionados, se debilita el Fondo de Prestaciones, se fragmenta la contratación y se vuelve al maestro un costo. Puede afectar la igualdad, cuando la libertad de elección funciona mejor para quienes tienen recursos y deja a los más vulnerables en una escuela pública debilitada. Puede alterar el sentido de educar, cuando la formación integral se reduce a productividad, resultados y obediencia curricular. Y puede golpear la protección de niñas, niños y jóvenes, cuando la escuela pierde capacidad de cuidado y los programas de apoyo, formación y acompañamiento pasan a manos privadas.

La clave es entender que el daño posible no está en una pieza aislada, está en la arquitectura completa. Si cada medida se mira por separado, puede sonar técnica, moderna o razonable. Pero cuando se observan juntas, aparece una misma dirección, menos Estado garante, menos escuela pública como eje, menos planta oficial, más contratación, más mercado educativo y más presión sobre el magisterio. Esa es la factura que hay que nombrar antes de que llegue.

 

Núcleo

Pregunta que surge

Factura posible

1. Escuela pública

¿La reforma fortalece la red oficial o la convierte en competidora residual?

Concesiones, cobertura contratada, bonos o recursos públicos hacia privados; pérdida de matrícula, grupos y sedes.

2. Magisterio

¿El cambio dignifica al maestro o lo vuelve costo flexible?

Salida de pensionados, no reposición de plazas, evaluación punitiva, precarización y amenaza al Fondo de Prestaciones.

3. Igualdad y territorio

¿La libertad será real para todos o solo para quienes pueden elegir?

Selección encubierta, abandono rural, inclusión sin recursos, primera infancia desigual y etnoeducación debilitada.

4. Sentido de educar

¿Educamos para democracia o solo para productividad?

Currículo estrecho, censura, desregulación y entrega de programas de apoyo y formación a privados.

5. Protección y datos

¿La modernización cuida o abre nuevas vulnerabilidades?

Menos escuela protectora, más operadores, más plataformas y datos de menores en circuitos privados.

 

Estos cinco núcleos deben leerse junto con cuatro frentes concretos que hoy deben encender todas las alarmas del magisterio: sacar a los docentes pensionados; entregar colegios en concesión, cobertura contratada o bonos para privados; acabar o desmontar el Fondo de Prestaciones Sociales del Magisterio; y trasladar programas de apoyo, acompañamiento y formación docente hacia prestadores privados. Si esos cuatro frentes avanzan juntos, la factura deja de ser hipótesis y empieza a convertirse en arquitectura de gobierno.

No se necesita cerrar escuelas públicas para debilitarlas; basta con quitarles matrícula, presupuesto, centralidad, planta oficial y futuro.

2. Primer núcleo: la escuela pública puede perder suelo sin que la cierren

 

La primera factura cae sobre la escuela pública. No llega con un letrero que diga privatización. Llega con palabras más suaves, libertad de elección, eficiencia, cobertura, alianzas, concesiones, bonos educativos, subsidio al estudiante, optimización de infraestructura y uso de capacidad instalada privada. El lenguaje parece técnico; el efecto puede ser político, la escuela oficial deja de ser el eje común del derecho y pasa a competir por matrícula frente a privados, operadores y prestadores mixtos.

Cuando el dinero sigue al estudiante y no fortalece primero la red oficial, cada niño y joven se convierte en recurso en disputa. Si una parte de la matrícula se mueve hacia colegios en concesión, cobertura contratada o bonos para privados, la institución oficial empieza a perder piso. Primero baja la matrícula. Luego se fusionan grupos. Después se reducen horas. Más tarde no se reponen vacantes. Finalmente se dice que la planta ya no se necesita en la misma proporción. Nadie dirá “estamos debilitando la escuela pública”; dirán que “los números no dan”.

El docente que apoyó este proyecto debe mirar su propia institución y hacerse una pregunta concreta, si mañana el Estado financia cupos por fuera de la red oficial y su colegio pierde una quinta parte de la matrícula, ¿qué pasa con los grupos, las sedes, los provisionales, los orientadores, los docentes de apoyo, los proyectos pedagógicos y la comunidad? La factura no llega como teoría. Llega como una sede que ya no abre, un compañero trasladado, una vacante que no se nombra, un comedor que no se construye, una biblioteca que nunca llegó.

Entregar colegios en concesión, expandir cobertura contratada o crear bonos para privados no es una simple “opción más”. Puede ser la vía para que el presupuesto público deje de construir capacidad pública. El Estado paga, pero la escuela oficial no se fortalece. El país puede terminar financiando educación, sí, pero no necesariamente escuela pública. Y una educación financiada con dinero público pero organizada como mercado no garantiza igualdad; puede profundizar segregación.

Cuando una escuela pública pierde matrícula por cobertura contratada, no se pierde solo un número, se pierde presencia del Estado en un barrio, una vereda o una comuna.

3. Segundo núcleo: el maestro puede convertirse en costo

 

La segunda factura cae sobre el magisterio. El golpe no necesita empezar con un decreto que diga “se acaba la estabilidad docente”. Puede empezar con no reposición de vacantes, congelamiento de planta, traslados, fusión de grupos, operadores de jornada única, cobertura contratada, contratación de tutores, programas tercerizados y presión por resultados. El estatuto puede seguir escrito mientras la base material que lo sostiene se achica.

Cuando la educación se organiza como mercado de prestadores, el salario docente deja de verse como inversión social y empieza a verse como costo de operación. El docente estable, con prestaciones, sindicato y derechos, puede ser presentado como caro, rígido o poco flexible. El contratado por operador puede ser presentado como eficiente. Ahí está la trampa, llamar modernización a lo que puede ser precarización.

Esta factura tiene ahora una escena concreta, docentes pensionados afuera y plazas oficiales en riesgo. Si se presiona la salida de docentes pensionados que todavía laboran, la pregunta central no es solo si salen o se quedan. La pregunta que debe quemar por dentro al magisterio es qué pasará con esa plaza. La Ley 1821 de 2016 fijó en 70 años la edad máxima de retiro forzoso para quienes desempeñen funciones públicas. Antes de ese límite, cualquier salida anticipada debe ser voluntaria, informada y sin presión administrativa.

Si un docente pensionado sale y la plaza se conserva como oficial para nombrar a un nuevo maestro, puede hablarse de relevo generacional. Pero si esa plaza se congela, se borra, se cubre con horas, se absorbe por reorganización, se entrega a un operador o se cubre mediante cobertura contratada, entonces no hubo relevo: hubo reducción de planta pública. El joven docente no necesita que se destruya la planta oficial para entrar; necesita que las plazas sigan siendo públicas y se provean mediante concurso y nombramiento.

Si un docente pensionado sale y su plaza no se convierte en nombramiento oficial, no hubo relevo generacional: hubo reducción de planta pública.

A esto se suma un tercer frente que toca directamente la vida del maestro, el Fondo de Prestaciones Sociales del Magisterio. Si se intenta acabar, desmontar, fragmentar o sustituir el Fondo, el golpe no sería solo administrativo. Sería un golpe a una conquista histórica del magisterio, a su régimen prestacional, a su protección en salud, a sus cesantías, a su jubilación, a su seguridad laboral y a la capacidad colectiva de defender condiciones específicas para una profesión sometida a alto desgaste físico, mental y emocional.

Quien crea que atacar el Fondo solo afecta a “otros” no ha entendido la factura. Si se debilita el Fondo, se debilita una de las estructuras que materializa derechos conquistados por la organización colectiva. El docente que votó contra los sindicatos puede terminar descubriendo que muchos de los derechos que daba por naturales existían porque hubo sindicato, pliego, paro, negociación, movilización y memoria de lucha.

4. Tercer núcleo: la libertad puede volverse selección y abandono

 

La tercera factura cae sobre la igualdad y el territorio. “Libertad de elección” suena bien, pero un docente sabe que la vida real no empieza igual para todos. Una familia con carro, internet, redes, tiempo e información puede comparar colegios, leer resultados y asumir costos. Una familia pobre muchas veces no elige, toma lo cercano, lo que tenga cupo, lo que no cobre costos ocultos o lo que acepte a su hijo.

En un sistema competitivo no solo eligen las familias; también pueden elegir las instituciones. La selección encubierta puede aparecer con entrevistas, pruebas, uniformes costosos, transporte no cubierto, manuales rígidos, ausencia de apoyos para discapacidad o criterios de “perfil institucional”. El estudiante con discapacidad, rezago, pobreza, afectaciones emocionales o problemas de convivencia puede volverse “costoso” para quien compite por indicadores.

¿Dónde terminarán esos estudiantes? Probablemente en la escuela pública que no puede seleccionar, que recibe, que contiene, que incluye y que carga con el dolor social del territorio. Pero si esa misma escuela pública pierde matrícula, presupuesto, planta y prestigio, el sistema la convierte en depósito de lo que el mercado educativo no quiere atender. Esa es una factura moral enorme.

La ruralidad desnuda la mentira de una libertad puramente formal. En muchas veredas no hay varias opciones educativas. Hay una escuela, a veces multigrado, con distancias largas, transporte difícil, conectividad débil y escasa presencia estatal. Allí no sirve hablar de competencia. Si el Estado no invierte directamente, no hay derecho real. La escuela rural no necesita bonos para escoger entre ofertas inexistentes; necesita Estado, docentes, transporte, alimentación, infraestructura, conectividad y continuidad.

También están la primera infancia, la inclusión y la etnoeducación. Si la cobertura inicial se expande por privados o convenios inestables, la desigualdad empieza desde los primeros años. Si la inclusión se declara sin docentes de apoyo, orientación, intérpretes, infraestructura, transporte y financiación diferenciada, se convierte en una carga moral sobre el maestro. Si la competencia impone currículos homogéneos, las comunidades indígenas, afrodescendientes, raizales, palenqueras y campesinas pueden perder autonomía cultural y lingüística.

La libertad de elegir no sirve de mucho cuando la pobreza, la ruralidad o la exclusión ya eligieron por usted.

5. Cuarto núcleo: la escuela puede dejar de formar ciudadanía

 

La cuarta factura cae sobre el sentido de educar. El docente que celebró la educación productiva debe preguntarse qué queda por fuera cuando todo se ordena alrededor de empleabilidad, resultados, tecnología, eficiencia y competencias rápidas. La escuela no existe solo para producir trabajadores adaptables. También existe para formar ciudadanía, pensamiento crítico, sensibilidad ética, memoria, arte, cuerpo, palabra, ciencia, cuidado, convivencia y democracia.

Cuando todo se mide por resultados, la escuela se estrecha. Se enseña para la prueba, se evita lo que no puntúa, se sacrifica lo que incomoda, se relegan artes, educación física, literatura, filosofía, historia, educación sexual integral, memoria y paz. El estudiante deja de ser sujeto de formación integral y empieza a ser indicador. El maestro deja de ser trabajador intelectual y empieza a ser ejecutor de metas.

Aquí aparece otro frente concreto, pasar los programas de apoyo, acompañamiento y formación a privados. Si la formación docente, los apoyos pedagógicos, la orientación, la innovación, la jornada complementaria, la inclusión, la tecnología educativa, los materiales y los procesos de mejoramiento terminan en manos de operadores, consultoras, fundaciones o empresas, el sistema público pierde capacidad pedagógica propia. La formación deja de ser política pública construida con maestros y universidades públicas, y se convierte en paquete contratado.

Eso puede sonar inofensivo, cursos, diplomados, plataformas, asesorías, talleres, acompañamientos. Pero si el Estado deja de construir saber pedagógico público y se limita a comprar servicios de formación, el magisterio queda sometido a agendas externas. Lo que debería fortalecer la autonomía docente puede convertirse en transferencia de modelos, certificaciones, indicadores y contratos. La pregunta es quién define la formación del maestro: ¿el saber pedagógico, la escuela y la comunidad educativa, o el mercado de consultorías?

El discurso contra las “imposiciones ideológicas” también debe mirarse de frente. Nadie está defendiendo adoctrinamiento partidista. Pero enseñar derechos humanos, educación sexual integral, igualdad de género, diversidad, memoria histórica, paz, ciencia y pensamiento crítico no es adoctrinar. Adoctrinar es prohibir preguntas, censurar derechos y convertir la escuela en un lugar donde solo se puede decir lo que no molesta al poder o a ciertos sectores morales.

La escuela no adoctrina cuando enseña derechos; adoctrina cuando prohíbe pensar.

6. Quinto núcleo: menos protección y más negocio con datos

 

La quinta factura cae sobre la protección de los estudiantes y los datos. La escuela pública no solo enseña. Detecta abuso, hambre, violencia intrafamiliar, riesgo de reclutamiento, consumo problemático, abandono, depresión, ideación suicida y múltiples formas de vulneración. Esa protección depende de presencia cotidiana, memoria institucional y vínculo entre docentes, orientadores, directivos, estudiantes y comunidad.

Cuando la prestación educativa se fragmenta entre operadores, privados, plataformas y contratos, se abren grietas. ¿Quién responde si un estudiante deja de asistir? ¿Quién conoce a la familia? ¿Quién activa la ruta si hay violencia? ¿Quién hace seguimiento? ¿Quién sostiene el vínculo cuando el contrato termina? La protección no se garantiza solo con protocolos; se garantiza con adultos estables que conocen a los estudiantes y con instituciones públicas que permanecen.

Si los programas de apoyo psicosocial, formación, orientación, acompañamiento académico o inclusión se trasladan a privados, el sistema puede terminar lleno de contratos y vacío de responsabilidad pública estable. Un operador puede cumplir indicadores de atención, pero no necesariamente construir vínculo. Una plataforma puede generar reportes, pero no reemplaza al orientador que conoce al estudiante. Una consultoría puede entregar productos, pero no sostiene comunidad.

La modernización tecnológica también puede traer factura. Las plataformas pueden ayudar, pero los datos de menores son información sensible: aprendizaje, comportamiento, ubicación, familia, salud, desempeño, hábitos y emociones. Sin reglas estrictas, esos datos pueden ser perfilados, comercializados, filtrados o usados para clasificar estudiantes. El negocio educativo del futuro no solo vende cupos o programas; también puede vender información.

No toda modernización es progreso. A veces modernizar significa poner lenguaje nuevo a viejas desigualdades.

7. La factura sindical: dirigentes que no estuvieron al frente

 

Pero la factura no se le cobra solo al docente de base. También hay que decirlo, hubo dirigentes sindicales que no estuvieron a la altura. Dirigentes que sabían lo que estaba en juego y aun así no asumieron con fuerza la orientación del sindicato. Dirigentes que dejaron sola a la base. Dirigentes que no fueron a explicar, a discutir, a formar, a escuchar, a disputar el malestar. Dirigentes que prefirieron la comodidad de la ambigüedad antes que el costo de ponerse al frente.

No se trataba de obligar a nadie a votar. No se trataba de convertir el sindicato en comité electoral. Se trataba de cumplir una tarea histórica, decirle al magisterio que cuando un proyecto político amenaza la escuela pública, la estabilidad docente, el Fondo de Prestaciones, la planta oficial, el sindicato y el derecho a la educación, la neutralidad no es prudencia; puede ser abandono.

Mientras la derecha hablaba con rabia, miedo, castigo y promesas simples, muchos dirigentes hablaron tarde, hablaron poco o hablaron solo entre convencidos. Mientras una parte del magisterio se sentía traicionada, cansada o furiosa, faltó conducción pedagógica, faltó presencia, faltó conversación en la institución, faltó explicar que no era un voto de obediencia, sino de defensa propia. Y cuando la dirigencia no está al frente, el vacío lo llenan otros.

Esa también es una factura. Porque un sindicato no existe solo para aparecer en marchas. Existe para formar conciencia, leer el momento histórico, cuidar a su base incluso cuando la base está confundida, decir verdades incómodas antes de que el daño llegue y organizar defensa antes de que la reforma se vuelva irreversible. Si un dirigente no asume esa tarea, no puede después limitarse a decir “la gente no entendió”. La pregunta es: ¿quién estuvo ahí para ayudar a entender?

8. FECODE: piedra angular y blanco de ataque

 

Ahora FECODE queda en el centro de la historia. Y no por romanticismo sindical. Queda en el centro porque si viene una reforma que empuja la educación hacia cobertura contratada, concesiones, bonos para privados, subsidio a la demanda, evaluación punitiva, reducción de planta, ataque al Fondo de Prestaciones y privatización de programas de apoyo y formación, no hay defensa individual posible. Un docente solo no detiene eso. Una institución sola no detiene eso. Un sindicato municipal aislado no detiene eso. Se necesita una columna nacional. Esa columna es FECODE.

FECODE tiene que ser piedra angular de cuatro defensas inseparables: defensa de la escuela pública, defensa de los derechos laborales y prestacionales del magisterio, defensa de las organizaciones sindicales y defensa de sí misma como organización nacional. Porque el ataque que puede venir no será solo administrativo. Puede venir desde todos los flancos: gobierno, Congreso, medios, redes sociales, discursos de “privilegios”, litigios, secretarías, operadores privados, sectores empresariales, opinión pública y campañas de desprestigio contra el sindicato.

Atacar a FECODE no será un asunto simbólico. Si logran aislarla, deslegitimarla o presentarla como obstáculo, se facilita el camino para reducir planta, fragmentar el magisterio, debilitar el Fondo, entregar programas a privados y convertir la defensa de derechos en queja individual. Por eso FECODE debe defenderse a sí misma, pero no puede hacerlo sola. Los docentes también tienen que defenderla críticamente. Defender a FECODE no significa callar sus errores ni renunciar a exigirle democracia interna, pedagogía, transparencia y presencia territorial. Significa entender que, si destruyen la organización nacional del magisterio, cada docente queda más solo frente al Estado, los operadores y el mercado educativo.

FECODE no puede limitarse a resistir con comunicados. Tiene que organizar una defensa nacional, pedagógica, jurídica, territorial y comunicativa. Tiene que volver a las salas de profesores. Tiene que hablarle al docente que votó con rabia, no solo al convencido. Tiene que vigilar cada plaza, cada convenio, cada bono, cada concesión, cada reforma al Fondo, cada contrato de formación privada, cada programa de jornada única tercerizada y cada intento de debilitar el currículo democrático.

Un docente solo no detiene una reforma estructural. Una institución sola no detiene una reforma estructural. Se necesita organización nacional, y esa columna es FECODE.

9. Cuatro frentes que deben encender la alarma

 

1. Sacar a los pensionados: La salida de docentes pensionados puede presentarse como relevo generacional. La pregunta es si cada plaza se conserva como oficial y se provee con nombramiento, o si se borra, se congela o se reemplaza por cobertura contratada.

2. Entregar colegios en concesión, cobertura contratada o bonos privados: El discurso será libertad, eficiencia o ampliación de cobertura. La factura puede ser traslado de recursos públicos hacia prestadores privados y debilitamiento de la red oficial.

3. Acabar o desmontar el Fondo de Prestaciones del Magisterio: El discurso puede ser sostenibilidad, eficiencia o igualdad con otros regímenes. La factura puede ser pérdida de una conquista colectiva y debilitamiento de derechos laborales, prestacionales y de salud.

4. Pasar programas de apoyo y formación a privados: El discurso será innovación, acompañamiento, calidad y tecnología. La factura puede ser privatización del saber pedagógico, dependencia de consultorías, debilitamiento de universidades públicas, menor autonomía docente y más contratos.

Estos cuatro frentes no deben verse separados. Juntos forman una ruta: se reduce planta oficial, se mueven estudiantes y recursos hacia privados, se debilita la protección prestacional del magisterio y se terceriza el apoyo pedagógico. Así se puede conservar una apariencia de educación pública mientras se vacía su contenido.

10. Lo que no podrán decir después

 

Si mañana no reponen la plaza de su compañero, no mire para otro lado. Si mañana la jornada única llega con operador y no con docentes nombrados, no aplauda la modernización. Si mañana la evaluación se vuelve castigo, no diga que era solo por calidad. Si mañana la escuela rural queda abandonada porque allá no hay mercado, no diga que la libertad de elección era para todos. Si mañana un joven docente entra precarizado porque la plaza oficial desapareció, no diga que hubo relevo generacional. Si mañana la escuela pública queda como refugio de quienes nadie más quiso recibir, no diga que eso es libertad.

Ese día la factura habrá llegado. Pero la factura no tiene que destruirnos. Puede servir para despertar. Puede servir para que el docente que se equivocó vuelva a ponerse del lado de su escuela. Puede servir para que el dirigente que se escondió entienda que dirigir no es cuidar imagen, sino asumir riesgos. Puede servir para que FECODE y los sindicatos territoriales recuperen la tarea central: defender la educación pública antes de que el daño sea irreversible.

 

·       No podrán decir “yo no sabía” si ya se advirtió que el dinero siguiendo al estudiante puede debilitar la escuela oficial.

·       No podrán decir “era solo libertad” si esa libertad funciona para quienes tienen carro, información, tiempo y dinero, mientras los pobres aceptan lo que queda.

·       No podrán decir “yo quería relevo generacional” si las plazas de docentes pensionados no se convierten en nombramientos oficiales.

·       No podrán decir “era por mejorar calidad” si la evaluación se vuelve presión, ranking, castigo y culpabilización docente.

·       No podrán decir “la escuela pública no se iba a tocar” si se reduce matrícula, se fusionan grupos, se cierran sedes o se reemplaza planta con cobertura contratada.

·       No podrán decir “eso no era contra los maestros” si el salario empieza a tratarse como costo, la estabilidad como rigidez, el Fondo como gasto y el sindicato como estorbo.

·       No podrán decir “era modernización” si la tecnología termina sirviendo más a plataformas, datos y contratos que a pedagogía, inclusión y democracia.

·       No podrán decir “FECODE no hacía falta” si la dispersión del magisterio permite que cada docente enfrente solo los efectos de la reforma.

·       No podrán decir “la formación docente se fortaleció” si los programas de apoyo y acompañamiento se vuelven negocio privado y pierden raíz pedagógica pública.

11. Todavía hay una salida: hacerse cargo y exigir garantías

 

Tocar el hueso no significa condenar a nadie para siempre. Un docente puede revisar su posición. Puede reconocer que el malestar era real, pero que el camino elegido puede traer un costo demasiado alto. Puede dejar de defender ciegamente al gobierno que apoyó y empezar a exigirle garantías concretas. Esa es una forma de responsabilidad, no de derrota.

El magisterio no debe defender la escuela pública tal como está ni aceptar cualquier reforma porque llega con palabras modernas. Debe disputar el sentido del cambio. Si el gobierno habla de calidad, que muestre presupuesto. Si habla de libertad, que garantice igualdad. Si habla de relevo, que nombre docentes. Si habla de evaluación, que reconozca contexto. Si habla de tecnología, que proteja datos. Si habla de jornada única, que fortalezca la red oficial. Si habla de sostenibilidad del Fondo, que no destruya derechos. Si habla de formación, que no entregue el saber pedagógico a consultoras.

La tarea de FECODE y de los sindicatos territoriales es organizar esa exigencia. Y la tarea de los docentes es defender sus organizaciones cuando venga el ataque. No una defensa muda ni burocrática, sino una defensa crítica, activa, consciente y democrática. Defender el sindicato no es defender una sigla por orgullo. Es defender la herramienta que permite que el maestro no quede solo.

Exigencias mínimas que deben hacerse desde ya

 

·       Escuela pública oficial como eje del sistema, no como opción residual del mercado.

·       Prioridad presupuestal verificable para infraestructura, alimentación, transporte, orientación, inclusión, bibliotecas, laboratorios, arte, deporte y tecnología pública.

·       Prohibición de reducir planta oficial por traslado de matrícula hacia privados, mixtos, operadores, concesiones, bonos o cobertura contratada.

·       Toda plaza liberada por retiro, pensión, renuncia o edad de retiro forzoso debe conservarse como plaza oficial y proveerse mediante nombramiento docente.

·       Defensa integral del Fondo de Prestaciones Sociales del Magisterio y de los derechos laborales, prestacionales y de salud del magisterio.

·       Condiciones laborales dignas para todo docente financiado con recursos públicos: salario, estabilidad, seguridad social, prestaciones y libertad sindical.

·       Reglas estrictas contra selección encubierta, costos ocultos, discriminación y expulsión indirecta de estudiantes con mayores necesidades.

·       Evaluación formativa, contextualizada y orientada a apoyos, no a castigos, rankings ni presión laboral individualizada.

·       Jornada única pública, integral y con planta docente suficiente, no tercerizada como paquete de servicios.

·       Programas de apoyo, formación docente, orientación, inclusión e innovación bajo conducción pública, con participación docente, universidades públicas y comunidades educativas.

·       Protección del currículo democrático: educación sexual integral, derechos humanos, memoria, paz, ciencia, enfoque de género, artes, cultura, educación física e interculturalidad.

·       Soberanía pública de datos de menores, auditoría de plataformas y prohibición de uso comercial de información estudiantil.

·       Participación vinculante de docentes, FECODE, sindicatos territoriales, directivos, orientadores, estudiantes, familias y comunidades en el diseño y seguimiento de la política educativa.

·       Defensa pública, jurídica, pedagógica y comunicativa de FECODE frente a ataques que busquen aislarla, deslegitimarla o destruir la organización nacional del magisterio.

Que duela lo suficiente para reaccionar

 

La educación no es una mercancía. La escuela pública no es una opción residual del mercado. Las familias no son simplemente consumidoras. Los estudiantes no son portadores de subsidios. Los maestros no son costos laborales. El Fondo de Prestaciones no es un privilegio caprichoso. FECODE no es una sigla prescindible. La educación es un derecho fundamental y una condición de la democracia.

Por eso, el docente que apoyó este proyecto tiene derecho a defender su voto, pero también tiene el deber de responder por sus consecuencias. Si la política educativa que viene debilita la escuela pública, reduce planta, entrega colegios en concesión, expande cobertura contratada, crea bonos para privados, presiona pensionados, reemplaza nombramientos, golpea el Fondo, privatiza formación y apoyo pedagógico, castiga docentes por resultados o entrega datos de menores a negocios privados, no bastará con decir que eso no era lo que quería.

Querer castigar a un gobierno y terminar debilitando la escuela pública sería una derrota demasiado costosa. Querer castigar a un sindicato y terminar sin herramienta colectiva de defensa sería un error histórico. Todavía estamos a tiempo de impedir que la factura la paguen los estudiantes, los docentes, las comunidades y la educación pública.

La factura puede doler. Pero ese dolor todavía puede servir para algo: despertar, organizarse y defender lo público antes de que el daño sea irreversible.

 

Preguntas para sala de profesores

 

·       Si mi institución pierde matrícula por convenios, bonos o cobertura contratada, ¿qué pasa con mis compañeros y conmigo?

·       Si salen docentes pensionados y no se nombran nuevos docentes oficiales, ¿a quién benefició realmente esa salida?

·       Si se desmonta o fragmenta el Fondo de Prestaciones, ¿qué derechos del magisterio quedan en riesgo?

·       Si los programas de apoyo y formación pasan a privados, ¿quién define la pedagogía y quién se queda con los recursos?

·       ¿Qué estudiantes quedarían por fuera o concentrados en una escuela pública debilitada?

·       ¿Estoy dispuesto a defender FECODE y exigirle que esté a la altura, o voy a esperar a que cada docente quede solo frente a la reforma?

·       ¿Estoy dispuesto a exigir garantías al gobierno que apoyé, o voy a esperar a que el daño llegue a mi

 

 

 

 

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Julio de 2026


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