La verdad de las mentiras.
Una reflexión sobre un paro
distrital.
Corriendo el riesgo, como valerosamente lo corrimos,
no todas las docentes ni todos los docentes, en el paro del 12 de marzo del año
en curso, por no hacer una reminiscencias de batallas libradas en el pasado:
unas perdidas, otras ganadas y algunas mediamente resueltas; reitero, corriendo
el riesgo de ser juzgado, a priori, por
la forma más que por el fondo de la frase del título este artículo, que cojo del libro de un escritor
que, luego de ser simpatizante de la revolución en los países latinoamericanos,
renegó de ella, particularmente de la revolución cubana. Sea cual fuese la
suerte que corra el contenido del artículo, -no la persona de quién lo escribe-,
“La verdad de las mentiras”, corresponde, en su contenido puesto en 438
páginas, a un minucioso análisis sobre la naturaleza de la ficción y sus
propensiones sediciosas en las que las novelas mienten y, de esa manera,
expresan una curiosa verdad, que solo puede expresarse encubierta, disfrazada
de lo que no es.
La situación social, económica y laboral por la que
estamos atravesando, concretamente los educadores, más que una novela es una obra
de teatro con miles de actores y actrices, en la que se escenifican momentos de
una realidad que supera la ficción, como diría Gabriel García Márquez aludiendo
a Macondo. Para un mortal, de cualquier lugar del mundo, es inverosímil que una
de las personas que regentó la educación en la capital de Colombia, aparezca en
un acto riéndose, con otros funcionarios de alto nivel burocrático, mientras
una madre de familia, con lágrimas en sus ojos, manifestaba el dolor que
encarnaba de muchas progenitoras y padres de familia, por el cierre de las
aulas de Apoyo Pedagógico, en las que atendían a los niños con alguna
discapacidad o, con “capacidades diferentes”,
como le llaman ahora los fanáticos de lo ‘políticamente correcto”, que
es “lo más incorrecto” en palabras de Umberto Eco. Se suprimen las palabras o
se acicalan, pero el problema es el mismo. La verdad del hecho es inocultable,
la razón es motivo de interpretación; el caso es que la risa, en esa escena, no
daba a lugar así se aleguen las razones que se aleguen.
Acerca del paro del 12 de marzo
En los acontecimientos del reciente paro del magisterio
de Bogotá, en escena, aparecen varias situaciones políticas a las que me quiero
referir, provocando la reflexión/acción.
1.
Los
roles de actrices y actores.
Para ambientar este aspecto me valgo de un estudio realizado en Bogotá, por el Instituto
para la Investigación Educativa y el Desarrollo Pedagógico IDEP, con la
participación de maestros del Distrito, donde la investigación arroja 19
posibles perfiles, creados por los mismos docentes. ¿Qué sentido tiene traer a
colación está semblanza, sino aportar una mirada a los roles que se ejercen en
el teatro de la escuela y que, querámoslo o no, inciden en la organización
gremial y en la dinámica de sus actividades? Obviamente, que la identificación
y análisis no se alcanza a desarrollar en este ejercicio exprés. En esa traza,
los lectores quedan notificados a hacerlo, no como una obligación sino como una
corresponsabilidad, porque, es sabido que quién lee un texto a la vez lo está escribiendo
o reescribiendo. De ese modo avanzamos en la comprensión y recreación de la
obra de teatro.
“Los posibles perfiles del maestro”
según el autor de El Bogotazo, son: maestros comprometidos, maestros
no comprometidos, maestro isla, maestro fantasma, maestro indiferente, maestro sabelotodo,
maestro cansado, maestro Espíritu Santo, maestro gritón, maestro líder, maestro
opositor, maestro noticia fresca, maestro experimental, maestro novato, maestro
confiado, maestro científico, maestro despistado, maestro temeroso y maestro
madre. A “ojo de buen cubero”, para el asunto que nos ocupa, hay en las
escenas: maestros: comprometidos, no comprometidos, indiferentes, cansados, líderes,
opositores, noticia fresca, novatos, confiados, maestros despistados, temerosos.
Sin ahondar, sociológicamente, en cada una de esas tipologías de la
investigación o de esos arquetipos evocando conceptos de la psicología
jungiana, puede agregarse que una característica que define la actuación en la
escena educativa, pero taxativamente en el paro, es la decisión, cuyo matiz
innegable pasa por poner a prueba la autonomía o la heteronomía,
concomitantemente con el ejercicio de la mayoría o la minoría de edad,
respectivamente.
Cuando un docente afirma que no entró
al paro, porque “en el colegio no entraron todos”, o entraron unos
pocos, pues deja entrever su minoría de edad, ya que las razones del paro eran
y siguen siendo razonables, justas y armónicos con la ley, con la moral y con
la costumbre. Nos queda acá la lección de despertar a esos maestros para que se
valgan de su propio entendimiento y actúen con “principios éticos universales y
en justicia”; no hincados en la dirección del otro, del adversario, del opresor,
de la SED, la rectoría y la Alcaldía. Lo correcto es y seguirá siendo que procedamos
solidariamente, en colectivo, como mayores de edad, como integrantes de una
orquesta. El principio de realidad, en el paro, nos mostró varias facetas;
verbi gracia, quienes negociaron con algunos rectores “ir media jornada”; otra,
aquella en la que de 150 docentes de una institución escolar solo pararon una o
dos, y en otras nadie. Ahí se evidencian maestras y/o maestros comprometidos
y no comprometidos con la lucha por la educación y por sus derechos; maestros
lideres, confiados en las organizaciones sindicales y
disciplinados con las mismas: ADE, Fecode y CUT.
En la lectura de los hechos se
tiene en cuenta, que estamos regentados por un Estado liberal en el que priman
los derechos civiles y la propiedad privada, en tal sentido el descuento, así
ingresasen todos desde el rector, es individual en este Estado Social y de
Derecho y su devolución pende de la legalidad, pero sobre todo de la fuerza
colectiva, no solamente de los potenciales sancionados sino de quienes fueron
inferiores al acontecimiento. Él campamento pedagógico, realizado en la
plazoleta de la SED en 2025, es un ejemplo de la acción reivindicativa y de
reparación colectiva.
2.
Otra
franja de docentes se quedó justificando lo injustificable y mandando
bendiciones. Hubo quienes expresaron: “yo ya luché, ahora les toca a
ustedes”, indicando una postura atracada en lo que el psicoanalista
italiano Massimo Recalcati denomina: la “nostalgia añoranza”, admitiendo
colegir, que expresiones como esa, indican la jubilación de la lucha no
solamente de docentes del Decreto 2277 sino penosamente de las y los noveles
del 1278. Es la postura del maestro cansado, que le apuesta al “grado
cero de la desesperanza”, en palabras de Zezik o, a la esperanza en el cuento
“Ante la ley”, en el cuento de Kafka, donde un labriego espera y espera que el
portero lo deje entrar y no lo logra, a cambio de afirmarse, ese docente, en la
experiencia reflexionada, en la que la otra nostalgia, la nostalgia
gratitud, se presenta como un poderoso recurso psíquico para la renovación
de la vida, una fuerza para actuar con más vitalidad en el presente y para
proyectarse generativamente en el futuro. “Hondo es el pozo del pasado”;
es más, apunta Thomas Mann, “podríamos llamarlo insondable”. Es mucho lo
que se puede desenvainar de la experiencia.
3.
La
verdad.
Podemos llenar este texto de relatos verbales, escritos y gestuales con los que
cada docente asumió al paro, para preguntarnos por la verdad de esas
afirmaciones. Solo cada una/o sabe por qué entró al paro o por qué no acató la
convocatoria de la organización sindical y del principio de realidad, que
justificaban las razones de este. La movilización fue contundente. Desde el
2017 la calle 26 no se había vuelto a engalanar con la presencia de miles de
maestras y maestros, que cambiamos el paisaje de asfalto, los ruidos de los
carros y el tránsito de pasajeros citadinos, nacionales e internacionales, por
el guion de la alegría, el canto, las arengas, los atuendos y las palabras dadoras
de vida. Para quienes vieron en vivo y en diferido esas escenas a pie enjuto
les generó, tal vez, en su conciencia, un tipo de “asentimiento reflexivo”:
bienestar para actores y actrices en el teatro callejero y un poco de culpa y
de vergüenza o un tipo de sanción interna a las y los ausentes, dado que su
deseo pudo estar puesto en la movilización, pero, invirtiendo el adagio popular:
el miedo le pudo a las ganas. Reconocer la verdad de la decisión, aceptar la
culpa y la vergüenza, como higiene mental lleva, a quien lo haga, al no
sometimiento y a la transformación, en ultimas al incremento de la salud
mental.
4.
Faltaron los cinco centavos para el peso.
Él memorando enviado por la SED, tres días antes de la jornada sindical,
anunciando que quienes paráramos el 12 de marzo debíamos realizar una jornada
de “reposición académica y laboral…el sábado 14 de marzo de 2026 en el
horario de 6:30 am a 12:30 pm…” nos deja otra lección: estar más atentos y
acatar las indicaciones del sindicato. La ADE, en una publicación del 9 de
marzo del año en curso, mediante el comunicado: “No a la imposición de la
reposición en sábado”, documentó, desde la ética, la Constitución y otras
normas legales, el por qué no se debía acatar el memorando de la SED. No
obstante, hubo una minoría de afiliados que, por heterogéneas circunstancias, abdicaron
a las pretensiones del empleador. Ahí fue donde “faltaron los cinco centavos
para el peso. El reto es reparar el desfalco, hacerlo crecer y evitar que
se vuelva a descompletar el peso.
Dadas las condiciones objetivas, el
desfalco de los cinco centavos para el peso no ha debido darse, porque
la garantía sui generis que proveyó el Ministerio de Trabajo, a través
del auto del 11 de marzo del 2026, en el que le ordena a la SED, una “medida
de protección preventiva de los afiliados a Fecode y a la ADE”, no era un “cheque
chimbo”, era y es dinero contante y sonante. Además de la medida de
protección, les ordena a la SED y a la Alcaldía Mayor de Bogotá: “suspenda
la reposición de clases para el 14 de marzo del 2026” y conmina a las dos
entidades distritales a que “a través del dialogo social se concerté con las
organizaciones sindicales el día y la hora de la recuperación de las clases”.
5.
La
banalidad del mal.
Hannah Arendt, en su reflexión filosófica sobre el juicio que, en 1961, se
llevó a cabo contra Adolf Eichmann, uno de los mayores criminales de la historia,
sostiene que los actos de maldad no son necesariamente el resultado de
individuos sádicos o monstruosos, sino de personas comunes y corrientes que se
limitan a seguir órdenes y a cumplir con su deber sin cuestionar la moralidad
de sus actos. La cuestión no es solamente de la ley, sino que en cualquier
decisión que se tome prima lo ético, la moral, la costumbre e indiscutiblemente
lo político, tal como quedó despejado en un comentario anterior sobre las
justificaciones del paro.
Arendt, quién cubrió el juicio de
Eichmann, se sorprendió de que no parecía un monstruo, sino un burócrata
mediocre que se justificaba diciendo que estaba siguiendo órdenes. Renglones
atrás también hay alusión a la conminación que hace el Ministerio de Trabajo a
la SED y a la Alcaldía Mayor de Bogotá a que, “a través del diálogo social,
se concerté con las organizaciones sindicales el día y la hora de la
recuperación de las clases”; empero, el 17 de marzo del año en curso, el
Jefe Oficina Asesora Jurídica, incoa una acción de tutela, ante los juzgados
del Distrito de Bogotá, contra el citado ministerio, por: “Debido proceso,
Derecho a la Educación y al Interés superior del menor.”
Esta circunstancia dista mucho, en
tiempo y lugar, del caso Eichmann, pues el escenario no es Auschwitz u otro campos
de Concentración nazi, sino el de un Estado Social y de Derecho con un Estado
garantista de Derechos, en una Secretaría que es de Educación con unos
funcionarios idóneos, cuyas acciones están amparadas en el juramento de cumplir
fielmente con la Constitución y las leyes, lo mismo que proteger los derechos no
estrictamente de niños, niñas, adolescentes sino de la ciudadanía. Sin duda que
el subalterno de la SED cumple órdenes, procedimientos e instrucciones sin
cuestionar, como lo hizo Eichmann, aunque sabía que lo que hacía no estaba
bien. La pregunta que mana frente al acto es: ¿Qué busca con esa acción de
tutela? ¿Está haciendo uso de algunas de las estratagemas de las que se ocupó
Schopenhauer en El Arte de tener la razón, para ganar está controversia,
independientemente de que tenga la verdad o no?
En el pensamiento del filósofo alemán,
el “Jefe Oficina Asesora Jurídica” de la SED, corresponde a un erístico, que
busca que se le confiera la razón a la SED. También, puede verse como un
sofistico empleador que, con argumentos inverosímiles, busca reconocimiento y
derrotar al contradictor. O, en la línea foucaultiana, en la Hermenéutica
del sujeto, a un therapeuein: un servidor que “obedece a órdenes” y
también hace referencia a “rendir culto”
¿Será que la SED, con el auto del Ministerio de Trabajo, sintió que se
le infligió el amor propio, que no se le rindió culto y por eso reacciona de la
manera como lo está haciendo, en cambio de revisar su propio razonamiento, para
ver si aprecia algún fallo y no asuma de antemano que el error lo han cometido
otros? ¿Será que estamos, volviendo a Schopenhauer, frente a una falacia,
escuetamente a la falacia lógica del “hombre de paja” en la que la SED,
a través de su titular y los subalternos, distorsionan y exageran la posición
tanto del Ministerio de Trabajo como de la ADE, Fecode y de los docentes, para
ganar una disputa a costa de la verdad?
6.
¿Qué
hacer? En 1902 esa fue la pregunta que se
hizo un filósofo, político y líder de la Revolución Rusa, pensando en la
organización y la estrategia del partido. En el aquí y en el ahora nuestra
respuesta, como gremio organizado y con las estrategias de la “inteligencia
proa”, es no bajarnos ni cualitativa ni cuantitativamente del punto en el que
hemos puesto nuestra capacidad de afrontamiento y de re-existencia, ante la
Alcaldía y frente a la SED. ¿Cómo nos podemos sostener en la cima que hemos
alcanzado no meramente quedándonos ahí, sino ascendiendo? Cada quién tiene, sin
duda, modos de hacerlo individual y colectivamente, en mí caso enuncio un cuadrilátero
de peripecias, que pueden parecer raras, pero reales:
a)
Seguir
despertando la conciencia social, mirándonos hacia adentro, porque quién mira
hacia adentro despierta. Erich Fromm, al ocuparse de esta envoltura, decía que:
“Para percibir la voz de nuestra conciencia debemos ser capaces de
escucharnos a nosotros mismos”, algo que no es tan sencillo de hacer, dado
que eso demanda estar solo o sola con una misma, con uno mismo y, a veces, eso
nos produce miedo y hasta fobia. “Nuestro problema moral, al decir del pensador
critico de la Escuela de Frankfurt, es la indiferencia del hombre consigo
mismo” y de la mujer consigo misma.
b)
Continuar
mirando hacia afuera. Quién mira hacia afuera, según la psicología jungiana, sueña.
Él soñador nos dirá Oscar Wilde, “ve amanecer antes que el resto del mundo”.
Se trata de un sueño que le trae vida a la vigilia. En Calderón de la Barca
leímos: La vida es un sueño. En nuestra realidad diremos: la vida es un
sueño siempre que el sueño sea vida. Y para que sea vida tenemos que liberar la
mente y el cuerpo de los ansiositos y del soma que nos suministra, a diario,
la Alcaldía Mayor, sus funcionarios y particularmente la SED, para inducirnos
una felicidad ficticia y para mantenernos conformes, sumisos y obedientes, tal
como ocurría en el planeta Ford, con el suministro del soma a los
fordianos, en Un mundo feliz de Aldous Huxley. Tenemos que actuar con
rebeldía, como John Él salvaje para no perder nuestra ontología o como lo
concibió Albert Camus.
c)
Mirar
hacia adentro para despertar y mirar hacia afuera para soñar son dos actos que
traspasan las tapias de la individualidad, para erigirse en la comunidad.
Nosotras solas y nosotros solos no podemos, requerimos de las acciones de la
comunidad en la defensa de sus derechos que son también los nuestros. Una
comunidad con unas y unos docentes que la hacen despertar y a soñar, es una
comunidad potencializada, dispuesta a luchar por la paz, la justicia, las
libertades y el mejoramiento de la calidad de vida, a través de una educación
crítica, reflexiva e inconforme, desde la cuna hasta la tumba, “que nos
inspire un nuevo modo de pensar y nos incite a descubrir quiénes somos en una
sociedad que se quiera más a sí misma” tal como lo expuso el hijo de Doña
Luisa Santiaga.
d)
Actuar
como mayores de edad. La mayoría de edad, según lo consigna Kantiana en:
¿Qué es la ilustración?, consiste en que la persona “es capaz de
servirse de su propio entendimiento sin la conducción del otro”; es decir, que
su maduración psíquica y moral le han permitido transitar de la heteronomía a
la autonomía. Nada inaudito ni extraordinario. En eso se afinca uno de los
fines del proceso educativo que llevamos con los estudiantes, cuando se alude,
verbi gracia, al “libre desarrollo de la personalidad”, independientemente
del área o proyecto que una o uno despliegue; pero si nosotros y nosotras no
somos autónomos ¿Cómo educamos en la autonomía?
Si
acogiésemos los cuestionados estadios de Desarrollo Moral de L. Kohlberg –“pero
dios sabe más” como decía Sherazada en Las mil y una noches- para recapacitar
sobre el lugar de nuestras acciones, en el ejercicio de la docencia, podemos
hallar docentes y directivos docentes, muy poquitos, que se ubican la
“moralidad basada en principios éticos universales y en justicia”; también, de
acuerdo con los censos del paro, una mayoría en la moralidad basada en
evitar sanciones y obedecer a la autoridad, así la causa sea justa; otras y
otros, en la “moralidad basada en el interés, el intercambio y “el beneficio
propio”. No escasean quienes su moralidad se basa en “ganar la aprobación y
mantener relaciones”, esquivando conflictos e incluso sacrificando las
libertades y manteniendo la zona de confort. La subsistencia de estas
moralidades nos traslada a: “Él crespúsculo de los ídolos”, donde
Nietzsche critica las moralidades debilitantes, basadas en la autocomplacencia
y nos llama a que prefiramos una moralidad autentica y vital.
